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Patrocinio como Acompañamiento para el Desarrollo Integral

Apoyo absoluto para aceptarnos integralmente, cultivar el desarrollo de nuestro potencial y promover nuestro propósito.


Por Álvaro Márquez Silva, Director Técnico de Integral-Mente




Patrocinio significa vernos, validarnos, reconocernos en nuestra integridad. Implica cuidarnos y crear un contexto que permita favorecer las condiciones para que podamos crecer y desarrollarnos en nuestro potencial. Es como cultivar una planta, le entregamos el cuidado y las condiciones necesarias para que florezca.

El término patrocinio es utilizado por los autores Stephen Gilligan y Robert Dilts en el contexto de rol de apoyo terapéutico en el camino de desarrollo personal, estar presente como punto de referencia, acompañar y promover el despliegue de las potencialidades y la realización del propósito de vida de cada uno.

Para lograr el patrocinio es importante obtener conciencia y aceptación de las diferentes partes que forman nuestro ser. Para patrocinar a otro es importante primero patrocinarse a sí mismo, esto implica conectarse con nuestro mundo interno, fomentar el autoconocimiento, la aceptación, la integración y el desarrollo.

Fomentar la integración de las partes que nos conforman nos permite acceder a una mayor riqueza de recursos, al contactarnos con las diferentes facetas de nuestro ser, y así disponer de más alternativas de acción.

El patrocinio implica una aceptación integral, que posibilita el acceso a facetas no reconocidas o rechazadas en nosotros mismos o en los demás, y a partes disociadas que pueden aparecer solo en ocasiones en nuestra conciencia.

Lo que no acepto en mí, no acepto en los demás y lo rechazo, y se puede manifestar como un síntoma, que expresa la señal de que alguna parte importante no está siendo aceptada, ni atendida. Los síntomas se pueden manifestar de muchas maneras, como ansiedad, somatización, desánimo, adicción, etc. Entre mayor es el tiempo y rechazo de alguna parte negada, mayor puede ser la intensidad del síntoma que se manifieste, debido a que requiere mayor energía para que podamos darnos cuenta de ella y aceptarla.

El patrocinio crea un contexto que permite el desarrollo de las diferentes partes de nuestro ser, posibilita el crecimiento personal. Facilita encontrar los recursos necesarios para alcanzar nuestros objetivos y cumplir nuestra misión, ya sea que estos recursos estén en nosotros, se necesiten adquirir o desarrollar.

Al patrocinar necesitamos la aplicación de una disciplina compasiva que busca el equilibrio entre permitir la expresión, espontaneidad, curiosidad y búsqueda, y que no exista desvío de nuestro camino para alcanzar nuestro propósito. En esta disciplina compasiva, se evita la represión, el rechazo, más bien se fomenta la conciencia, el sentido, la integración, la flexibilidad, la creatividad y el desarrollo.

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El propósito del patrocinio no es adaptarse a una sociedad más bien enferma, que nos instruye principalmente al conformismo a las reglas y normas de la sociedad, a ser un buen consumidor, a la competencia, al excesivo control, que nos hace rechazar nuestras partes que no coinciden con ese ideal de como debiéramos ser. La sociedad procura que idealmente no pensemos más allá del formato que nos organiza, pretende que obedezcamos, produzcamos y nos divirtamos con cuestiones superfluas. Por lo tanto, aprendemos a adiestrarnos a la sociedad, para conseguir validación, reconocimiento y cariño, pero en realidad nos quedamos fragmentados, identificándonos y viviendo desde una pequeña porción de nosotros mismos que se adapta a la sociedad, pero que no expresa la totalidad de nuestro ser.

Esto se replica en la familia, los padres o cuidadores como personas que ya fueron adiestrados a la sociedad, y muchas veces sin herramientas parentales suficientes, nos crían para ser obedientes, productivos, competitivos, para tener buenas notas, para poder pasar los exámenes, para así estudiar algo que nos permita ganar un sueldo con el que podemos ser buenos consumidores y así pretender alcanzar la supuesta felicidad, que es la promesa de la sociedad actual.  Esta forma de crianza lo que hace es negar partes de nosotros mismos, o más específicamente, rechazar todas las partes que no se ajustan a este ideal del yo, de cómo debiéramos ser para adaptarnos a esta sociedad. Por lo tanto, vivimos contraídos, parcializados, debilitados.

El patrocinio tiene como objetivo fomentar la aceptación e integración de todas las partes de nosotros mismos, cultivar nuestro cuidado y desarrollo.

Como efecto del patrocinio, podemos validarnos y amarnos a nosotros mismos de manera integral, y esto nos posibilita de igual forma validar y amar a los demás de manera integral. A raíz de esto, surge la compasión, hacia nosotros mismos y los demás, que nos mueve al respeto y ayuda para seguir en nuestro camino de desarrollo y cultivar nuestra autorrealización.

Al poder conectarnos con todas nuestras partes, aceptarlas, comprenderlas, darles sentido y ayudarlas en su desarrollo, nos posibilita hacer lo mismo con los demás.

Nuestra crianza nos configura para percibir las cosas de una determinada manera, para creer en algunas cosas y otras no, para valorar ciertos principios y otros rechazarlos, para tener determinadas conductas. Estamos configurados para ser quienes somos en este momento.

El primer paso para ir más allá de nuestro formateo actual es lograr mayor conciencia de quienes somos, alcanzar un mayor grado de autoconocimiento, para poder luego tener la posibilidad de elegir como queremos ser. La conciencia nos permite alcanzar mayor libertad.

El siguiente paso es lograr mayor aceptación e integración de la totalidad de nuestro ser, con todas nuestras partes. La aceptación e integración trae consigo amplitud y riqueza, nos permite contar con mayores recursos y habilidades.

El tercer paso desde la integridad de nuestro ser, con una visión lo más amplia y completa que podamos alcanzar, es identificar cual es nuestro propósito y buscar la forma de alcanzarlo, vivirlo, actualizándolo paso a paso en nuestras vidas.

El patrocinio actúa en todos estos pasos, reconociéndonos, validándonos, cuidándonos, guiándonos a una mayor conciencia, aceptación, integración y desarrollo de nuestro potencial. 

El patrocinio se puede expresar en la comunicación que entablemos con los otros y con las partes de nosotros mismos. Los mensajes que se entreguen tienen un correlato emocional. La siguiente tabla resume el impacto de los mensajes positivos del patrocinio (Dilts, 2003):

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Mensajes positivos del patrocinio Respuesta emocional
"Te veo"→ alividao, relajado
"Existes"→ centrado, en paz.
"Eres valioso"→ satisfecho.
"Eres único"→ creativo
"Tienes algo que aportar"→ motivado y lleno de energía
"Eres bienvenido aquí"→ en casa, leal.
"Perteneces aquí"→ comprometido.
Fuente: Dilts, R. (2003). “Coach to Awakener”.

El patrocinio inexistente es la ausencia de mensajes de patrocinio.
Es una especie de mensaje que conduce a las conclusiones y a las respuestas relacionadas a continuación:

Mensajes del patrocinio inexistentes Respuesta emocional
"Nadie me ve"→ ansionso, invisible
"No existo"→ desesperado por captar la atención
"No me valoran"→ vacío
"No soy único / no soy diferente a los demás"→ rechazado y abandonado pasivo
"No tengo nada que aportar"→ sin valor y no deseado
"Mis aportaciones no son valoradas"→ postegardo
"No soy parte del grupo"→ desplazado
"Puedo ser fácilmente reemplazado"→ inseguro e incómodo
Fuente: Dilts, R. (2003). “Coach to Awakener”.

En el patrocinio negativo se transmiten mensajes directamente contrarios a los del patrocinio positivo, lo cual conduce a reacciones en la línea de las correspondientes al patrocinio inexistente, pero más exageradas. Estos son algunos ejemplos:

Mensajes del patrocionio negativo Respuesta emocional
“No deberías estar aquí. Deberías esconderte/desaparecer”→ asustado
“¿Quién te crees que eres? No eres nada. No deberías existir”→ no merecedor de
“Nunca serás lo suficientemente bueno. Eres un problema”→ maldecido y avergonzado
“Eres peor que cualquier otro”→ inadecuado
“Desmereces y nos perjudicas”→ culpable, una carga
“No eres bienvenido aquí”→ deseo de marchar o escapar
“No te mereces estar aquí. No perteneces a nuestro grupo”→ rechazado y abandonado
Fuente: Dilts, R. (2003). “Coach to Awakener”.
El patrocinio inexistente o negativo puedes traer severas dificultades para nuestra salud mental, porque no se aceptan y se rechazan aspectos importantes de nuestro ser, lo que perjudica nuestro bienestar y desarrollo. Esto puede traer como consecuencia la falta de aceptación y confianza, carencias, conflictos, formación de síntomas y dificultades para relacionarnos con nosotros mismos y con los demás.

Desde el patrocinio se puede ayudar a otra persona a desarrollar o entrenar en algún área específica. Es diferente, y no es patrocinio, ayudar o entrenar solo un aspecto específico, y no reconocer, ni integrar a la persona completa que está detrás con todas sus dimensiones.

Por ejemplo, un profesor puede centrarse en enseñar solamente matemáticas, pero soslayar a la persona íntegra. Es diferente enseñar matemáticas y tratar a la otra persona parcialmente, solo en el rol de estudiante de matemáticas, que reconocer y ayudar a la persona total, que tiene su propia historia de vida, sus propias características, recursos, dificultades y modalidad propia de aprendizaje.  Al enseñar matemáticas desde el patrocinio se integrará todo lo anterior, adaptándose a esa persona, estando presente para ella, apoyándola absolutamente en todo lo que necesite para que pueda aprender.
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Ejemplo de Patrocinio:

Historia de Teddy

Su nombre era señorita Thompson. Allí, plantada frente a su clase de quinto grado en el primer día de escuela, les dijo a los niños una mentira. Como la mayoría de maestros, los miró y les dijo que los quería a todos por igual. Sin embargo, aquello no era posible porque allí, encogido en su asiento de la primera fila, estaba un pequeño llamado Teddy Stoddard. La señorita Thompson había estado observando a Teddy el curso anterior; y se había dado cuenta de que no jugaba bien con sus compañeros, de que su ropa estaba hecha un lío, y de que siempre parecía necesitar un buen baño. Por si todo eso fuera poco, Teddy también sabía cómo mostrarse desagradable. Llegó un momento en que la señorita Thompson disfrutaba realmente poniéndole malas notas a Teddy y llenando sus deberes de grandes equis rojas, con una gran «M» del mismo color en la parte superior de la página.

En la escuela donde la señorita Thompson trabajaba era obligatorio revisar los informes anteriores de cada alumno, aunque ella relegó el de Teddy para el último momento. Sin embargo, al revisar el expediente del niño se topó con algo totalmente inesperado. La maestra de primero había escrito: “Teddy es un niño brillante, de risa fácil. Hace sus trabajos pulcramente, tiene buenos modales... es una delicia tenerle en clase”. La maestra de segundo, por su parte, había reseñado lo siguiente: “Teddy es un alumno excelente y muy apreciado por sus compañeros, pero tiene problemas porque su madre está aquejada de una enfermedad terminal y la vida en su casa no debe ser muy fácil”. Las observaciones del maestro de tercero decían de Teddy: “La muerte de su madre ha sido un duro golpe para él. Hace lo que puede, pero su padre no parece mostrar demasiado interés por él y, si no se toman pronto cartas en el asunto, la vida en su casa acabará afectándole”. La maestra de cuarto habla escrito: “Teddy está encerrado en sí mismo y no demuestra demasiado interés por la escuela. No tiene demasiados amigos, y a veces se duerme en clase”.

Avergonzada de sí misma, la señorita Thompson se dio cuenta de la naturaleza del problema. Pero aún se sintió peor cuando, por Navidad, todos sus alumnos le llevaron regalos envueltos en hermosos papeles y llamativos lazos de colores. Bueno, todos menos Teddy, que le trajo algo toscamente envuelto en una bolsa que había conseguido en la tienda de comestibles. La maestra hizo cuanto pudo por abrirlo como todos los demás presentes. Algunos niños comenzaron a reírse cuando del tosco paquete sacó un brazalete de piedras falsas, al que por añadidura le faltaban algunas, y una botella de perfume medio vacía. Pero las risas se apagaron enseguida, cuando la señorita Thompson exclamó cuán bonito era el brazalete, al mismo tiempo que se echaba unas gotas de perfume en la muñeca. Teddy Stoddard se las arregló para quedarse el último en clase aquel día, tan sólo el tiempo suficiente para decirle a su maestra: “Señorita Thompson, hoy huele usted como solía oler mi mamá”.

Después de que Teddy se hubiera marchado, la señorita Thompson se quedó sola en clase al menos una hora, llorando. Nunca más volvería a enseñar lectura, escritura o aritmética. A partir de ahora enseñaría a los niños. Comenzó a prestar atención especial a Teddy. A medida que iba trabajando con él, la mente del niño parecía ir volviendo a la vida. Cuanto más le estimulaba ella, más rápido respondía él. Hacia el final del curso, Teddy estaba ya entre los primeros de la clase y, a pesar de aquella mentira de que los amaría a todos por igual, Teddy se convirtió en uno de los alumnos “preferidos” de la señorita Thompson.

Un año después se encontró una nota que Teddy le coló por debajo de la puerta, en la que le decía que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida. Pasaron seis años sin noticias de Teddy, hasta que éste le escribió para anunciarle que había terminado la enseñanza superior, y que seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años más tarde recibió otra carta de Teddy, en la que le contaba que, aunque las cosas hubiesen sido difíciles en ocasiones, había seguido estudiando y pronto iba a graduarse en la universidad con los máximos honores. De paso, Teddy le aseguraba una vez más que seguía siendo la mejor maestra que jamás hubiese tenido. Pasaron cuatro años más hasta la siguiente carta, esta vez explicándole que, tras diplomarse, había decidido seguir estudiando un poco más. En aquella carta había una pequeña diferencia, la firma era un poco más larga. Decía: “Doctor Theodore E. Stoddard”.

Pero la historia no termina aquí. Aquella misma primavera llegó una carta más, esta vez para informar a la señorita Thompson de que Teddy había encontrado su media naranja e iba a casarse. También le decía que su padre había muerto un par de años atrás, y se preguntaba si a la señorita Thompson no le importaría ocupar en la boda el lugar de la madre del novio.

Por supuesto que la señorita Thompson aceptó encantada y, ¿sabes qué?, en la boda lució aquel brazalete, el de las piedras falsas con algunas de menos. Además, se aseguró de llevar el mismo perfume que la madre de Teddy llevaba la última Navidad que pasó con él.

Se abrazaron y el doctor Stoddard le susurró al oído:

-Gracias, señorita Thompson, por haber creído en mí. Gracias por haberme hecho sentir importante y haberme demostrado que yo podía cambiar.

Con lágrimas en los ojos, en otro susurró la señorita Thompson le respondió:

-Te equivocas, Teddy, es al revés. Fuiste tú quien me enseñó a mí que yo podía cambiar. Hasta que te conocí a ti, yo no sabía lo que era enseñar.


Fuente: Dilts, R. (2003). “Coach to Awakener”.

Bibliografía


- Dilts, R. (2003). “Coach to Awakener”. Dilts Strategic Group, California, USA.

- Dilts, R. & Gilligan, S. (2009), “The Hero's Journey: A Voyage of Self Discovery”. Crown House Publishing, Connecticut, USA.

- Gilligan, S. (1997), “The Courage to Love”, W. W. Norton &: Company, Nueva York, USA.

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